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LAURA VARSKY: “Creo haber aprendido más como docente que como alumna”.

Publicado el 29 de Mayo de 2012

Lo primero que impresiona de la ilustradora y diseñadora gráfica Laura Varsky (1976) son sus grandes ojos claros. Y en segundo lugar su trabajo como ilustradora, que le ha valido logros harto considerables, como por ejemplo el Grammy Latino que obtuvo en 2006, por la dirección de arte del libro y el packaging del disco de tango Café de los maestros, trabajo realizado junto con el músico y doble ganador del premio Óscar, Gustavo Santaolalla. La música siempre ha estado junto a Laura, o viceversa más bien, puesto que además del mencionado Café de los maestros, Laura ha ilustrado o participado en la dirección de arte de discos de León Gieco y Ratones Paranoicos, entre otros artistas. En esta particular actividad –donde se siente más cómoda- se inició, según cuenta en una entrevista, aportando tapas a los cassettes propios, y los de sus amigos y vecinos, para luego ya erigirse como una artista más de la escena del rock independiente argentino. Desde el diseño, desde luego.

Ilustradora amante del detalle fino, docente durante más de una década, diseñadora (destino que se determinó a seguir a los 16 años) y también tipógrafa, puesto que Laura también tiene su familia de tipos, llamada Lady René, uno de sus proyectos más personales e íntimos. Laura estuvo de paso por Chile donde participó en un seminario sobre autogestión en ilustración, realizar talleres, ser jurado de concurso y estar presente en la exposición “Lo que el viento me dejó”, que la galería PLOP! ha montado para acercar su obra al público chileno. En 2003, en un taller de ilustración, Laura descubrió que también tenía dedos para ese piano, y un entusiasmo guardado que esperaba ser encendido. Desde entonces ha ilustrado libros, ropa, accesorios, cuadernos, que seguramente en el futuro serán un sinfín de cosas que llevarán el sello Laura Varsky encima.

En medio de su apretadísima agenda, Laura le concedió algunos minutos a Quilombo, para conversar sobre diseño, ilustración, tipografía, y otras cosas.

Al ver tu trabajo da la impresión de que existen tres o más Lauras. Aunque es una impresión, claro está, juguemos con la idea de que existen tres formas distintas, tres mujeres que te habitan: la que ilustra, la que hace lettering y la que diseña discos y otros objetos, ¿existe tal vez una distinción entre ellas? ¿Existe una diferencia desde lo creativo o desde la emoción en estas tres instancias creativas?

La primera en aparecer es la diseñadora. Mi formación es en diseño y pienso y proyecto como tal. Es más, me defino como diseñadora que ilustra más que como ilustradora. El diseño es lo que me apasionó por años, cuando tenía 16 años descubrí que era eso lo que quería ser y hacer. La ilustración me encontró a mí. Y el lettering fue una consecuencia directa de lo que generó dentro mío el cruce entre el diseño y la ilustración. Existen muchas diferencias en estas instancias creativas, y, a la vez, similitudes. Diseñar, para mí, es trabajar de traductor. Traduzco el universo de otro a un lenguaje gráfico. En esa traducción, claro está, hay mucho de mí, pero el objetivo final le pertenece a otro. Ilustrando el desafío es hallar mi propio lenguaje. Describir mi propio universo y ampliarlo. Pero de todos modos, como comentaba anteriormente, en esta búsqueda personal se involucra mucho de mi accionar proyectual como diseñadora. ¿Un ejemplo?, no puedo sentarme a dibujar si no tengo un lugar concreto al cual llegar, si no me sostiene un concepto y una visualización previa. No soy de las personas que lleva su anotador encima, o sí, pero para escribir mis pensamientos.., no para dibujarlos.

¿Cómo empiezas un trabajo de lettering? Al ver uno terminado da la impresión de que tomaste una pluma y te pusiste a bailar. Todo parece fluir. ¿Cómo nace una tipografía en Laura?, ¿cómo nace la composición a través de la tipografía, tu mano y lo que buscas?

Hay mucho de ese fluir interno, pero como uno está escribiendo letras y palabras, hay ciertas reglas (morfológicas) que me preceden y me guían. Mis primeros bocetos no miden más de cinco centímetros de lado, y son la búsqueda de un esquema contenedor. Luego paso a bocetear a lápiz (o pluma y tinta, dependiendo de cuál sea la búsqueda estética de cada caso), prestando más atención a los detalles y las apropiaciones. Antes de trabajar (y entre trabajo y trabajo) miro mucho la escena tipográfica. Sobre todo la cartelería y los packagings antiguos, previos a la digitalización. Dibujo las formas con mi dedo en el aire e intento entender la velocidad de los trazos que las componen. Es un ejercicio mental que me ayuda, a la hora de estar sentada frente al papel, a jugar con el límite que tienen las letras entre significado y abstracción.

¿Cuándo consideras que un lettering está terminado?

Cuando salto al siguiente paso del proceso (entintar, digitalizar, colorear). Hay un impulso que me obliga a dejar lo que estoy haciendo y nace la ansiedad por avanzar. De todos modos, siempre ocurre que, una vez terminado e impreso, quiero volver atrás y retocar y modificar. Pero afortunadamente ya no se puede.

¿Sientes que te falta por explorar algo a nivel creativo? ¿Qué te gustaría hacer ahora?

¡Pero claro!, ¡siempre! El día que no sienta eso más vale que me replantee hacia dónde estoy yendo. Tengo muchas ganas de trabajar en colaboración con distintos profesionales. Recrear objetos en donde pueda volcar mi universo gráfico, explorando nuevos materiales y morfologías.

En tu reciente visita a Chile, tuviste la oportunidad da dar un taller, qué es lo que te gusta de impartir talleres, qué buscas, qué sucede en un taller.

Durante más de diez años fui docente en la carrera de diseño gráfico de la Universidad de Buenos Aires. Siempre digo que creo haber aprendido más como docente que como alumna. No sé si es la realidad, pero es una sensación muy fuerte. Todos esos años significaron una experiencia riquísima y hermosa, gracias al contacto activo y permanente con otras personas (docentes y alumnos) que se interesan por lo mismo que uno y por el espacio reflexivo que me daba para analizar los modos de mi profesión, sus procederes y sus alcances. Cuando me alejé de la Universidad encontré en los talleres el lugar para seguir desarrollando esos intereses. Lo más interesante es que la mecánica intensa y de lapsos cortos de un workshop me permite recorrer diferentes lugares, con gente de formaciones y contextos muy variados. Esa misma mecánica es la que me impulsa a proponer un ámbito de experimentación. Mis talleres tienen un componente lúdico, de experiencia directa y pragmática con las temáticas que me rodean en mi trabajo diario.

Unido a lo anterior, ¿qué opinas de la labor de ilustración que se hace en nuestro país?

Debo decir que tomé contacto con la escena chilena hace muy poco tiempo. El trabajo de varios ilustradores (en espacial del Colectivo Siete Rayas) me pareció fenomenal. Por otro lado, mi sensación es que, en estos escasos cuatro años, han aparecido propuestas nuevas, sobre todo en el campo editorial, que abrieron el juego y ampliaron -al menos para mí- el imaginario visual chileno. Lo veo también en los chicos más jóvenes que encontré en mis cursos, con mucho empeño, dedicación y ganas de ilustrar. Mi atención se concentra, generalmente, en la ilustración aplicada a objetos y editorial (porque son los campos en los que más disfruto trabajando). Noto, por lo que pude hablar con diferentes colegas, que es difícil desarrollar emprendimientos que impulsen esas áreas. No me gusta opinar ligeramente sobre lo que ocurre en otros países, pero me permito decir que considero que la eliminación del impuesto al libro sería una gran medida para ayudar a que la industria y el mercado editorial se desarrollen aún más, y la ilustración local se luzca y desarrolle como merece, ¿están de acuerdo?

¿Te tiene que gustar la música para poder decir que sí al diseño de un disco?

Es muy difícil que un disco, luego de escucharlo mucho y de conocer la “cocina” de su creación, simplemente “no me guste”. Es inevitable terminar encontrando un punto de conexión y de identificación con la música. Es más, te diría que es un desafío más del trabajo. Cuando siento que no voy a encontrarlo, por más que quiera prefiero no tomar el proyecto, pero la verdad es que creo que nunca me pasó.

Hablemos un poco sobre tu última publicación, Lo que el viento me dejó. ¿Cómo nació ese libro? ¿Qué podrá el lector encontrar ahí?

Cuando estaba terminando de armar el material para le exposición Lo que el viento me dejó para la galería Plop!, descubrí que había un concepto detrás que quería compartir. La muestra se concentra en siete frases, de diferentes artistas y épocas, que seleccioné por distintos motivos personales. Son frases que de algún modo me inspiran. La exposición contiene serigrafías de trabajos de lettering que las retrata. El libro lo pensé como un (maxi) catálogo, ya que contiene bocetos de las serigrafías, fotos de mi estudio y mi casa que contienen objetos que me motivan a hacer lo que hago, breves textos míos que dan cuenta del porqué de la selección de esos textos ilustrados y, además, dos textos de colegas a los que respeto mucho a modo de prólogos: Fernanda Cohen (ilustradora) y Hernán Ordóñez (diseñador y docente de tipografía). El libro está en español e inglés. Es algo así como un pequeño retazo de mi universo personal.

¿Quiénes han sido tus referentes en ilustración, a quién admiras?

Admiro a tantísimos artistas de principios del siglo XX, como Beardsley, Mucha, Klimt, Josef Hoffmann, Charles Rennie y Margaret Mackintosh y Hundertwasser. Admiro a grandes calígrafos cómo Giambattista Bodoni, Herb Lubalin y Zuzana Licko (por mencionar sólo a algunos representativos de épocas muy distintas). Pero admiro también el trabajo de muchos otros, algunos más conocidos, otros más anónimos. Creo que diariamente descubro a algo o a alguien nuevo digno de admiración.